Mi vida como traductora nómada digital

por Elisa Orellana Huhn

Hace más de una década que comenzamos a utilizar el término «nómada digital» o «sin oficina fija» (mi adaptación del inglés, location independent) en comunicación. Esta curiosa formación terminológica describe a trabajadores que realizan su oficio desde ubicaciones itinerantes. Parece estar, bajo mi punto de vista, rodeado de un halo de misterio y de glamur, como si solo unos pocos elegidos tuvieran el privilegio de disfrutarlo. Ahora, os voy a contar mis aventuras como traductora nómada digital.

Elisa Orellana, traductora jurada, trabajando frente a un embarcadero en Florida

© Elisa Orellana

¿Cómo empezó el sueño?

Durante mis años de carrera, soñé brevemente con lanzarme al mundo traductoril como autónoma y viajar por el mundo. Descarté ese sueño nada más terminar, al ver la necesidad de trabajar en una empresa que me enseñara a ser traductora «de verdad», coger experiencia en la vida real.

Años después, conocí a una traductora francesa que me contó, emocionada, los tres meses que pasó recorriendo China mientras traducía en su portátil. De nuevo, me inundó la fantasía, pero no dejó de ser eso.

Paso a paso

Tras años en la profesión, di el primer paso de la aventura: me hice autónoma. Seguramente fue la crisis de los 30, que llegaba con un año de anticipación, no voy a negarlo. Así que arranqué en 2014 con el primer paso de lo que, para mí, caracteriza la vida de nómada digital: sin horario.

Una vez acostumbrada a la libertad proporcionada por la autonomía de gestionar mi propio trabajo —que, por supuesto, tiene sus dificultades, pero eso da para otro artículo—, empecé a barajar la idea de marcharme de la ciudad donde llevaba toda la vida. Y así di mi segundo paso en la vida de nómada digital: sin oficina fija.

Nuevos comienzos

Comencé mi andadura en California, tierra de sol, donde me acostumbré a lidiar con la diferencia horaria que tenía con mis clientes. Trabajaba cuando más me convenía, pero también pasaba noches pegada al teléfono asegurándome de que nadie me mandaba un correo a las 4 de la mañana. La obsesión por no responder a un correo a los 5 minutos de recibirlo se apoderó de mí. Sentía desconfianza por perder a mis clientes que tanto me había costado conseguir.

Sin embargo, tuve que afrontar la realidad: no podía pasarme la noche atenta al zumbido del correo electrónico, tenía que poner las cosas claras. Así que empecé a contestar a los correos con gran transparencia, avisando de que me encontraba a 9 horas de diferencia y que tardaría un poco en contestar. También, señalaba las grandes ventajas: cuando ellos necesitaban algo de un día para otro, yo todavía tenía todo el día por delante, en lugar de pasarme hasta las tantas de la noche trabajando.

Todo iba sobre ruedas. Hasta que vino la verdadera transición: comencé a viajar de forma permanente.

Nómada digital

En octubre de 2015, cogí la mochila, un portátil y me lancé a la aventura. Primer destino, Tailandia. Llegué sin saber dónde estaba, ni dónde iba, ni qué iba a hacer, pero con las ganas de vivir la vida y ver el mundo entero.

Poco después de aterrizar me di cuenta de que necesitaba una SIM para poder tener el correo siempre conmigo. Me aseguré de que el hostal donde me alojaba tuviera Wi-Fi. Esas son mis dos condiciones en cualquier país: 3G y Wi-Fi.

Viajo con mi pareja, pero yo soy la encargada de elegir los alojamientos porque tengo necesidades para el trabajo. Sin embargo, hay veces que es imposible encontrar algo decente al precio al que lo necesito. Durante el último año, he trabajado en decenas de habitaciones de hotel y otras tantas cafeterías y restaurantes. Muchas veces tengo que trabajar en la cama o en un escritorio cutre. En ocasiones, solo hay Wi-Fi en la recepción o está caído. A veces, la cafetería es tan ruidosa que no me puedo concentrar. He terminado entregas en un minibús dando tumbos de curva en curva por un puerto de montaña.

A Tailandia han seguido 16 países en el último año: Malasia, Camboya, Indonesia, Singapur, Rusia, España, Alemania, Polonia, Francia, Reino Unido, Irlanda, Turquía, Israel, Dinamarca, Estados Unidos y Vietnam. En algunos, pasé 3 meses. Lo que quiere decir que en otros solo he pasado horas o días. He perdido la cuenta de los autobuses, trenes, barcos, taxis y coches que me han transportado. Sé que he volado en más de 20 aviones. He pasado por 3 continentes y he pisado brevemente el hemisferio sur.

Mi vida es de nómada digital, porque tengo en mi firma de correo electrónico la zona horaria en la que estoy para que mis clientes no se vuelvan locos. Porque tengo en mi planificador de trabajo anotados mis vuelos y las zonas horarias, para hacer las entregas a tiempo. Porque sé que el 2 de febrero trabajaré desde Florida y el 18 desde Camboya.

¡Qué vida más maravillosa!

Todo lo anterior puede parecer fácil, divertido, alucinante. Pero solo cumple dos de esas tres condiciones. La vida de nómada digital no es fácil. He aquí una pequeña lista de pros y contras que he redactado:

Pros

  • Ves lugares nuevos
  • Escapas de la rutina
  • No te aburres de la misma oficina
  • Cambias de compañeros de trabajo
  • Hay espacios de co-working en todo el mundo si te hace falta

Contras

  • No existe la rutina
  • El funcionamiento del Wi-Fi no es una constante universal
  • Las mesas de habitaciones y cafeterías no suelen ser cómodas
  • Los espacios de co-working no siempre son de alquiler para uso de un solo día
  • Tienes que trabajar en donde sea: avión, autobús, tren
  • No siempre hay donde cargar el portátil
  • Se vuelve agotador

Para ser nómada digital hay que tener gran disciplina. A veces estás en una playa paradisíaca y te toca quedarte trabajando, o tienes que cancelar tus planes por un nuevo encargo. Es fácil olvidarse de mandar tu currículo a nuevos clientes y estancarse en la mediocridad de tener algunos encargos regulares y nada más.

Hay que encontrar el equilibrio para disfrutar y trabajar. Yo suelo dedicar unas horas del día a trabajar (incluso sábados y domingos) y después salgo a conocer el lugar en el que estoy viviendo. Los días que no tengo trabajo, aprovecho para descansar y hacer algo que me gusta, porque a cambio sé que otro día me quedaré en la habitación trabajando todo el día. Es un intercambio justo y no me cuesta hacerlo ahora que he aprendido que toda moneda tiene dos caras.

Entonces, ¿me hago nómada o no?

Aunque a veces solo puedo decir cosas malas de mi estilo de vida, no lo cambiaría por nada. Es agotador, difícil, incómodo. Hay días en los que estás cansado y solo quieres pasar de todo. Sí. Sin embargo, he visto 17 países en el último año gracias a este estilo de vida. Mira el mapa. ¡17! He conocido gente y lugares increíbles. He trabajado prácticamente todos los días. Pero también me he permitido el tiempo de salir a conocer el planeta.

Es cierto que no es un estilo de vida que encaje con todo el mundo. Me encuentro alejada de familia y amigos, e incluso de compañeros de profesión (no es lo mismo hablar por WhatsApp). Estoy completamente fuera de mi zona de confort y se vuelve muy estresante a ratos. Es un estilo de vida en el que vives con lo mínimo para que viajar sea fácil.

Sin duda, es maravilloso contar con los avances tecnológicos que nos permiten embarcarnos en aventuras como esta. Mi consejo para todo el mundo es: ¡pruébalo y saca tus propias conclusiones!

traductora-jurada-elisa-orellana-tren

Elisa Orellana trabajando en el tren, © Elisa Orellana

traductora-jurada-elisa-orellana-florida-2

© Elisa Orellana

traductora-jurada-elisa-orellana-florida-3

Puedes encontrar a Elisa Orellana Huhn en LinkedIn

2 pensamientos en “Mi vida como traductora nómada digital

  1. Enhorabuena, Elisa.

    ¡Qué envidia me das!

    Un solo pero o advertencia: CUIDADO con las las wifis gratis de hoteles y restaurantes. En estos lugares es muy fácil pillarte el usuario y contraseña de cualquier servicio al que te conectes (léase Facebook, Twitter…) y a partir de ahí te pueden dar un buen dolor de cabeza, no solo con estos servicios, sino con webs más serias (de pago, como Amazon, PayPal, o tu dominio web…), aunque no tengan tu contraseña.

    Por seguridad, el pincho con acceso a internet es lo mejor, quizás no lo más barato ni lo más práctico, pero sí lo más seguro.

    Lo dicho, que lo disfrutes y saques todo el jugo a la experiencia.

    Saludos.

    … Jesús Prieto …

  2. Saludos Elisa

    Te agradeceria ENORMEMENTE que me asesoraras en que es lo que debo hacer

    Necesito traducir un certificado de nacimiento del leton al espanol para registrar mi matrimonio en el consulado en Londres

    El Ministerio de Asuntos Exteriores no ofrece ningun traductor jurado de leton, y en el consulado se hacen los locos

    Sabes que se debe hacer en estos casos?

    Gracias x 1000000!!!!!

¡Seguro que tienes algo que aportar!