Acerca de Fernando Castillo Díaz

Los idiomas y el cine son dos de mis pasiones, así que me dije «¿por qué no juntarlas?». Actualmente me dedico a traducir películas, documentales y series para la televisión, además de prestar servicio de traducción jurada de todo tipo de documentos. Soy curioso y siempre estoy dispuesto a mejorar y aprender.

La labor social del traductor jurado

Una de las múltiples ventajas que ofrece la traducción jurada, a diferencia de otras modalidades de esta disciplina, es que posee una vertiente social, no tan enfocada a entretener o a fines comerciales como a resolver trámites importantes para la vida de la gente.

En ese sentido, gracias a nosotros se celebran matrimonios, se firman contratos, se arreglan problemas legales, se convalidan todo tipo de certificados y títulos extranjeros, se posibilita que otros profesionales puedan ejercer y vivir en otros países y, en definitiva, se solucionan gestiones trascendentales para otras personas que, en muchas ocasiones, pueden acabarles suponiendo un gran paso a nivel profesional o personal.

Para algunos podrán parecerles simples papeleos, documentos académicos o técnicos sin más, pero lo cierto es que la contribución del traductor jurado es un eslabón de una cadena que incluso llega a salvar vidas. Lo que era el simple expediente laboral de un cirujano que se necesitaba traducido y sellado en otro idioma acaba permitiendo que ese doctor pueda operar a niños en Etiopía, por decir solo un ejemplo. Así que, compañero traductor, si estás desmotivado, párate un segundo a pensar en todo lo que aportas, que es más de lo que crees.

¡Tú molas! Imagen de Jeremy S

¡Tú molas!
Imagen de Jeremy S

Por otra parte, el hecho de que estas traducciones tengan que entregarse en el papel original, ya sea en persona o por envío, facilita el contacto directo con el cliente, para quien dejamos de ser invisibles a partir de ese momento. El hecho de que le hayamos ayudado en un proceso burocrático algo engorroso hace que nos valore, y es que tengo comprobado que los clientes de traducciones juradas suelen mostrar más gratitud, lo cual nos reporta una satisfacción añadida que se agradece. Al fin y al cabo, ¿a quién no le mola que le reconozcan su labor?

En conclusión, se trata de una faceta desconocida de nuestro trabajo, pero de vez en cuando conviene recordar que lo que hacemos sirve de algo. Porque no solo vertemos contenido de un idioma a otro, también ayudamos a personas, y ese es el objetivo final que me motiva cada día.

Traducciones juradas: ¿qué hacer ante posibles falsificaciones?

A casi todos los traductores jurados nos ha asaltado alguna vez la siguiente duda: «¿qué pasa si el texto que me ha proporcionado el cliente es una falsificación?» «¿Y si me la ha colado y no me he dado cuenta?» «¿Podría acabar con problemas legales por esto?»

Traducciones juradas: ¿qué hacer ante posibles falsificaciones?

Traductores, cuidado con las falsificaciones Fotografía de Lauren C

Pues bien, podemos estar tranquilos, porque la respuesta es NO. El traductor carece de toda responsabilidad sobre el contenido del documento que tiene entre manos. Cuando certificamos con nuestra firma y sello que «la que antecede es traducción fiel y completa» simplemente estamos jurando que se trata de una reproducción íntegra y fiel en el idioma solicitado del documento que nos han entregado, punto. En ese sentido, sí es cierto que somos fedatarios (que no funcionarios públicos, ojo), pero de la fiabilidad del contenido de nuestra traducción, no de la del original. Por tanto, damos fe de la parte que nos toca, pero no juzgamos la originalidad del documento, función que le corresponde a un notario.

 

Ahora bien, ¿qué hacemos ante alguna sospecha? Eso ya entra dentro de los límites éticos de cada uno/a, pero desde una perspectiva deontológica, mi consejo es rechazar cualquier encargo que nos plantee serias dudas sobre la autenticidad del documento, ya sean borrados o alteraciones de la marca de agua, incongruencias en datos claves, posibles adulteraciones del contenido, o ausencia de sellos y firmas en documentos oficiales que los precisen.

 

El ejemplo más gracioso que recuerdo fue el de una clienta que pretendía que le efectuara una traducción jurada de su expediente académico. Hasta ahí todo iba bien, cuando de repente vi que el documento que me enviaba estaba, ni más ni menos, que ¡en Word! Así mismo, y por supuesto, ni sellos, ni firmas ni nada que le pudiera dar apariencia de legalidad. Huelga decir que desestimé el encargo con mucha educación.

 

Y vosotros, ¿qué opináis al respecto? ¿Habéis vivido casos similares?